Experiencias de un Sacerdote Diocesano en el Noviciado Franciscano.


Via Tengo una palabra para ti.

¡No me lo van a creer! pero ha sido, para mi, una de mis mejores épocas en la vida. Me gustó tanto que estuve en esta etapa más de una vez (en serio, no es chiste, ingresé en tres ocasiones). La primera vez en Agosto de 1986, la segunda reingresé en Diciembre del mismo año… Y la última en Agosto de 1989 (y por desgracia ya nunca más estaré) para –finalmente– profesar el 15 de Agosto de 1990. De modo que tengo dos grupos y estuve bajo la tutela de dos Maestros: el P. Fray Guillermo Téllez-Girón Gil (+) y el P. Fray Alberto Campos Hernández, Obispo de la Prelatura de San José Del Amazonas en el Perú.

Seguramente para los que no están muy metidos en el ‘mundo eclesial’, ya –apenas aquí– surgen varias preguntas: ¿Qué es el Noviciado? Es la etapa inicial en la que el candidato (o candidata) ingresan como religiosos a una Orden o Congregación, pero en ‘probación’; el mínimo canónico es de un año y hasta tres, según el derecho propio de cada instituto. Y ¿Qué hace un Maestro de Novicios? Bueno es el formador principal (el equivalente en el seminario diocesano al prefecto) y además coordina el equipo formador. ¿Prelatura? Un territorio o jurisdicción, que no es totalmente autosuficiente en recursos, que está bajo el cuidado y autoridad pastoral de un ‘Prelado’ que, por lo general, es un obispo; las Prelaturas están ‘auspiciadas’ por La Santa Sede y por alguna Orden o Congregación. Advierto: las definiciones que he dado no son exhaustivas, pero si descriptivas suficientemente.

AL FIN: NOVICIO DE SAN FRANCISCO

Bien, es claro que no soy franciscano sino diocesano. ¿Qué me atrajo de la vida franciscana? Varias cosas como el carisma de la pobreza evangélica, la dimensión ecológica del franciscanismo y la tendencia a la misión. ¿Qué me espantó? ¿Por qué no estoy allá sino acá? No tengo las suficientes habilidades para la vida de comunidad; una lástima, pues siempre creí que ser franciscano era lo mío. Aunque soy franciscano de corazón y estoy muy agradecido con la Orden.

Volvamos al Noviciado. Se inicia, entonces, con la ceremonia de “La Toma de Hábito” (y no crean que es un brindis inicial por eso de ‘toma’ ni el inicio de algo malo por eso de ‘hábito’). Es presidida por el Provincial, el Maestro de Novicios y el Guardián (el Guardián es el superior de la Casa Religiosa). El día de La Toma de Hábito es el primero en el que tu vestimenta es el Santo Hábito Franciscano y recibes el título de “Fray” (fratello en italiano o hermano). Es por supuesto una Ceremonia muy emotiva para todos: los novicios y sus familias, la Provincia (en este caso la de “Los Santos Francisco y Santiago en el norte de México). En Guadalupe (Zacatecas) era un gran acontecimiento. El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe lucía a reventar, como cada año por la fecha; el Coro que encabezaba la animación del canto era el “Margil”, aunque para esa especial ocasión se conformaba un gran coro, participando muchos de los integrantes de todos los demás.

En el momento de la “vestición”, recuerdo que entonaron el canto “DEJA TU PATRIA”, que narra la “Vocación de Abraham”, cuando Yahweh-Dios lo invita a dejar su patria e ir al desierto en pos de la tierra prometida. Nunca olvidaré ese canto, pues me hace pensar –aún ahora después de 26 años– que para que el creyente ‘llegue’ a la ‘tierra prometida’ necesitará, invariablemente, confiar en El Señor y esperar con paciencia a la cristalización de las promesas. De alguna manera era para mi una ‘descripción’ del sendero por el que caminaría toda mi vida. Y hasta este día, ese canto me sigue diciendo que el camino siempre lleva hacia adelante —aunque parezca que en momentos nos podemos perder— si confiamos en El Señor.

LA VIDA DIARIA

EN LA MAÑANA

Se iniciaba a las 5:45 am, cuando el campanero te despertaba cantando (aunque a veces, según las habilidades del susodicho, en vez de cantando era “berreando”). Y ¿Cuál era el canto?. Claro que no era una canción de moda ni el Himno Nacional o La Marcha de Zactecas (¿Qué tal que nos multen por cambiar la letra?). Los “Benditos” era ese primer contacto con la realidad de un nuevo día; su letra era una en la mañana y otra en la noche. El “Bendito” matutino decía (a ver si me acuerdo):

“Bendito y alabado sea el SANTISIMO Sacramento del altar/ La gloriosa Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Maestro y Salvador, Jesús/ y los dolores de su Purísima Madre/ María Santísima, concebida sin la culpa del pecado original/ a Laudes, padres y hermanos/ que es hora de alabar a Dios y a su Santísima Madre” (más o menos de eso me acuerdo).

Luego el campanero iba y tocaba fuerte cada puerta hasta que el morador desde adentro –muchas veces entre ronquidos– decía: “Ave María Purísima”; el campanero contestaba a la jaculatoria: “Sin pecado original concebida”. Y entonces teníamos media hora para levantarnos, lavarnos los dientes, vestir el Hábito e ir a la Capilla del Noviciado.

Nos dividíamos en dos coros y rezábamos ‘Las Laudes’, luego la meditación y por lo regular la Misa; aunque en ocasiones asistíamos en la tarde o al mediodía en el Santuario, con el pueblo de Dios. Acto seguido el desayuno, como a eso de las 8 am; y desde las 8:30 a las 9:00 los aseos de casa, para iniciar luego las clases, no recuerdo si a esa hora o a las 9:30 teníamos 4. Por supuesto a las 12:00 rezábamos el “Angelus” que dice así:

  • EL ANGEL DEL SEÑOR ANUNCIÓ A MARÍA. R- Y concibió por obra del Espíritu Santo. (Ave María)
  • HE AQUI LA ESCLAVA DEL SEÑOR. R- Hágase en mi según tu palabra. (Ave María)
  • Y EL HIJO DE DIOS SE HIZO HOMBRE. R- y habitó entre nosotros. (Ave María) Y luego una Oración final.

De las clases, mis favoritas eran FRANCISCANISMO y CANTO. El Guardián era el P. Fray Junípero Mata, quien también nos ensayaba y enseñaba en la clase de CANTO. Al mismo tiempo nos daba ‘clases’ de pobreza franciscana cuando cortaba las servilletas en cuatro… Para ‘ahorrar’. La verdad es que si me defendía muy bien a la hora de cantar: tenor puro y bueno (bueno eso me dijo el padre Juni). A otros los mandaban mejor a la cocina, cuando se veía que no había posibilidades de cantar decentemente: “Fray, este, bueno, mejor, no te ofendas, véte a la cocina a ver en qué ayudas”. Esa era la frase para los de garganta ‘irregular’.

POR LA TARDE Y NOCHE

Después de la comida (13.00 hrs) venía la siesta (que yo nunca dormí, pues me parecía tiempo perdido) y luego para las 15.00 rezábamos Oficio de Lectura y Vísperas en el coro del Santuario. Para ir al Coro del Santuario, nos formábamos en el claustro superior y, en dos filas, nos dirigíamos hacia allá, por lo que ahora es el “Museo”; toda esa porción enorme formaba parte de lo que el gobierno “expropió” a la Orden (y que bueno porque darle mantenimiento es muy caro). Ahí en ese Museo hay una gran colección de pinturas de los tiempos de La Colonia. Muchas de las veces había un buen número de turistas, sobre todo extranjeros… Nos tomaban muchas fotos. Y no es por nada, pero se “horrorizaban” al ver tanto joven tirar su vida ‘a la basura’, los llegue a escuchar. Ya en el Coro, ocupábamos los sitiales antiguos y rezábamos con nuestra liturgia en mano. El Coro en verdad que tiene una acústica sorprendente. Me gustaba mucho rezar en ese maravilloso sitio.

Después regresábamos al Convento y teníamos un momento de trabajo manual, lavar nuestra ropa, arreglar los jardines, barrer las azoteas, hacer deporte, aseo personal y estudio. A eso de las 7.00 pm rezábamos Vísperas ya en nuestra Capilla interior. Luego la cena a eso de las 8.00 pm, convivencia y a las 9.45 pm a rezar Completas y a las 10.00 todo mundo en silencio a su celda (y no crean que nos esposaban, por lo de celda) y a dormir.

OTROS ASPECTOS DE LA VIDA DIARIA

LA COCINA

Para mi, el que me tocara la cocina, (y a todos nos tocaba una semana a vuelta de lista) era la muerte. Como yo no era “bueno para cocinar” ni sabía hacer “postrecitos” pues me tocaba lavar la loza, que consistía en un sinnúmero de ollas y peroles del tamaño de un tinaco, aparte de muchas cucharas y cucharones ¡Que pesadilla!. Pero lo más aburrido de la cocina era hacerles sus antojitos y recetas a ‘los padrecitos’: que el padre fulanito no come grasa (y luego te enterabas de que iba con una familia y tragaba chicharrones, mole, guacamole y helado… Grrrrrr¡¡¡¡), que el padre zutanito SÓLO come verduras, que el padre perenganito quiere licuado, que al Guardián no le gustan las tortillas, que las conchitas son para fray x… Muy muy complicado, en verdad.

LA SACRISTÍA

El mejor oficio era el de sacristán auxiliar del Santuario… Veías a la gente y a veces te tocaba algún refresco y hasta algún gansito o dulce. Además de eso, te enterabas de la vida de la gente y las familias allegadas al convento y hacias amistades. Se antojaba estar en la sacristía, pues aparte de lo anterior, aprendías desde como se llamaban los ornamentos y vasos sagrados.

BARRER LA CALLE

A mi nunca me había agradado tanto mantener la calle aseada. Amaba las escobas. Un tiempo barríamos la calle, y nos gustaba mucho, porque todo mundo te saludaba y de alguna forma te conectabas con la vida del pueblo… En ocasiones se te iba más en platicar que en barrer. Bueno, barríamos la calle hasta que –como dicen en los cuentos– un buen día, el Maestro se enteró de que un novicio tenía “novia” (bueno si rima ¿No? Novia con novicio, más o menos suena…). Perdimos ese trabajo y oportunidad de convivencia con las personas.

DEPORTE

Por supuesto que haciamos deporte adentro en el Convento y los miércoles afuera en un campo cercano. El deporte favorito era el fut-bol y un poco el basket-bol. La verdad que unos siempre le sacaban al deporte y por eso estaban gordos y achacosos. En el Convento teníamos mancuernas, pesas, escaladora, bicicleta fija, en fin, todo un gimnasio. Y también una cancha de basket-bol.

Pero lo que más nos gustaba era ponernos nuestros tenis y pants y caminar y caminar. Ir al cerro admirando el paisaje y subir. En ocasiones nuestros paseos, aparte de deporte, eran ocasión de convivir con nuestro pueblo. Comíamos lo que nos daban: mole, sopa de arroz, gorditas, nopales, tunas, frijoles, agua fresca. Ojalá que muchos hayan recibido buenos testimonios de nuestra parte.

ANDAR EN LA CALLE

Las oportunidades de salir en verdad eran pocas, y por ello, preciosas e invaluables. Para que les digo que no, pero TODOS éramos medio faroles, pues nos encantaba caminar por el pueblo luciendo nuestro Hábito. Era motivo de gran orgullo, en buen sentido. Nos admiraba la gente, pero sentías también el compromiso de la entrega; de alguna manera te dabas cuenta de lo grave que era portar el Santo Hábito Franciscano. Enfermarte era una bendición porque tenías la oportunidad de ir a Zacatecas con el médico, ir a la farmacia, caminar, comprarte un helado, un periódico. Por desgracia nunca me enfermé. ¡Qué contradictorio! Pero ibas al Noviciado a estar encerrado con Dios y querías salir… Pues si, así somos, sobre todo cuando estamos en plena juventud.

LAS CELDAS

Tenemos que hablar de celdas, aunque no se trata de cárcel. Ese es el nombre que reciben las habitaciones de los religiosos, de las órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, mercedarios, etc) y también de los monjes. En el Noviciado, eran unos cuartitos pequeños de como 2.5 x 3, en los que caben una cama de cemento (claro con colchón, no se alarmen), una pequeña cómoda, un buró, una silla y un minilibrero. Ese era nuestro espacio personal. Ah! Y también teníamos una lampara de buró, un perchero de pared, unos 10 ganchos para ropa y un Cristo. Debajo de la cama de cemento podías acomodar tus maletas. La verdad es que tu celda era el lugar preferido… Lo malo que las paredes de cada celda no llegaban hasta el techo, de modo que si uno o varios roncaban ¡Ninguno podíamos dormir!.

EL REFECTORIO

Lo llamaríamos ahora comedor. Era un espacio tan largo como un túnel de algo así como 5 de ancho por 40 de largo, con el techo a la manera de los túneles o pasillos de antes. Había una ventana que daba con la cocina, por la que se pasaban las viandas y platillos. Nos acomodábamos a lo largo, es decir, había una bancas pegadas a la pared frente a frente con pasillo. Nos sentábamos así de manera que las viandas y loza se disponían en mesas largas enfrente de los comensales, con área para unos 5 espacios cada una. Entre las hileras de mesas se acomodaba una especie de púlpito, en el que se posicionaba el lector. Por lo regular la lectura –en especial los viernes– se tomaba de La Regla de San Francisco para los Hermanos Menores (nombre oficial de los franciscanos) y empezaba así:

“La Regla y vida de los Hermanos Menores es esta, conviene a saber: Vivir el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo sin propio y en obediencia. El Hermano Francisco promete obediencia y reverencia al señor Papa Honorio y a sus sucesores legítimamente elegidos…” Créanme que a la mejor me equivoco en alguna palabra, pero es la idea. También se leían las vidas de los santos y en ocasiones documentos eclesiales.

DESCRIPCIÓN DE ALGUNAS FUNCIONES EN EL NOVICIADO

El ‘GUARDIÁN’ del convento: es el superior de la casa religiosa y es designado por el gobierno provincial. El ‘VICARIO’ del convento: es elegido por los hermanos de la casa religiosa, para hacer las veces del Guardián en su ausencia. Ya se habló sobre las funciones del Maestro de Novicios. El ‘VICE-MAESTRO’: es el auxiliar del Maestro y en ocasiones hace las veces del Maestro en sus ausencias; su autoridad es delegada por éste. El ‘DIRECTOR ESPIRITUAL’: es el sacerdote confesor de los novicios y quien les ayuda a discernir su vocación en base a su experiencia de vida en el noviciado. El ‘BEDEL’: es el mayor de entre los novicios en jerarquía; una especie de jefe de grupo, designado por el Maestro.

EL IZOTE, NAYARIT

La vez que si logré terminar el noviciado se dividió, por seis meses, el grupo. Así la mitad se fue al Izote y la otra mitad nos quedamos en Guadalupe. El Izote es una casa de ejercicios y eremitorio a las afueras de Tepic. Luego cambiamos. Nos ayudó mucho el cambio; ¡Vaya que es diferente en verdad vivir en un Convento vetusto y venerable como el de Guadalupe! Aquí en Tepic yo sentí la vida religiosa como más inestable e improvisada, pero más desafiante. El contacto con la naturaleza ayudó mucho a crecer en verdad en la identidad franciscana.

EL “QUID” DE LA CUESTIÓN

¿Para qué es el Noviciado? Para calarte y ver si puedes encajar en la vida religiosa. En este tiempo de formación tienes muchas herramientas para profundizar en tu ser, en tu historia personal, en tus planes… En tu relación con Dios. El silencio absoluto a ciertas horas, la disciplina, el horario alrededor del cual gira la vida del novicio, las horas de trabajo y estudio, la meditación y la oración son tus mejores herramientas para ‘discernir’. Por otro lado, la vida comunitaria, el compartir responsabilidades, saber trabajar en equipo, ser tolerante con los que no coinciden contigo, son también herramientas útiles sobre todo en el campo de la vida fraterna. Y, por supuesto, conocer a Francisco de Asís a través se sus escritos y de las biografías de la época, es el otro elemento esencial en esa búsqueda de la identidad del novicio, como ‘Hermano’ del pobre de Asís.

EL MÁXIMO BIEN ALCANZADO EN MI EXPERIENCIA DE NOVICIADO

Para mi el bien máximo alcanzado en el Noviciado fue, sin duda alguna, haber logrado la intimidad con Dios, la contemplación y un mayor autoconocimiento. Dios dejó de ser un concepto filosófico-teológico, para convertirse en MI PADRE. Jesús dejó de ser para mi un personaje histórico lejano –aunque importante– para convertirse en MI SALVADOR Y HERMANO MAYOR. Pero me faltaba descubrir al Espíritu Santo en todo su esplendor. Estoy convencido de que todos los católicos –en la juventud– deberían de tener la experiencia de vivir, a la manera de los novicios, por un año, para así lograr conocer más a Dios. Sé que esta idea puede sonar descabellada. Pero es innegable que vivir un año en disciplina, silencio, estudio, trabajo, fraternidad y oración puede cambiar en verdad nuestra vida. A mí me la cambió. Gracias a Dios por el Noviciado.

PBRO. ROBERTO SANCHEZ DEL REAL.

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